Capítulo 01

Conflictos socioambientales:

elementos para un periodismo que aporte al análisis, la comprensión y el debate público de las disputas sociales por el ambiente

Por Claudia Villa y Carlos Tapia

Comprender qué son los conflictos socioambientales (CSA) permite considerar las disputas de poder existentes entre diferentes actores sociales por los beneficios que brindan los ecosistemas a la sociedad y por el acceso y control de la diversidad biológica. También permite analizar la forma desproporcionada en que diversos sectores de la población se ven afectados por el uso insostenible y el deterioro de los ecosistemas y las condiciones ambientales. En un país megadiverso como Colombia, caracterizado por grandes desigualdades socioculturales y económicas, una larga historia de conflicto armado interno, un mosaico complejo de relaciones humanas con la naturaleza, una notable debilidad institucional, y por múltiples problemas socioambientales territoriales, una mirada desde los CSA sienta las bases para construir acuerdos fundamentados en el mutuo entendimiento de las diferencias. Esto, a su vez, nos permite contar historias para impulsar cambios que contribuyan a crear escenarios de mayor sostenibilidad y bienestar común.

Foto: Carlos Tapia

Introducción

Este capítulo expone una serie de elementos básicos para abordar los Conflictos Socioambientales (CSA) en el trabajo periodístico. Para ello, retoma rasgos comunes de las diversas definiciones existentes sobre este tipo de conflictos sociales y plantea propuestas para su interpretación desde una perspectiva que resalta las disputas sociales en torno a los asuntos ambientales. También incluye recomendaciones sobre preguntas que deben guiar el trabajo periodístico para identificar y caracterizar los CSA, y sugiere fuentes y posibilidades de tratamiento por parte de profesionales que desempeñan labores de comunicación.

Una aproximación periodística a los CSA implica una apuesta ética que conlleva un compromiso por contribuir a la comprensión y solución de graves problemas que afectan las condiciones de vida de nuestra sociedad. Como veremos más adelante, el trabajo periodístico en torno a los CSA busca, usualmente, hacer explícita la existencia de situaciones de (in)justicia ambiental que se traducen en la afectación desproporcionada de algunos sectores vulnerables de la población. El aporte de periodistas y comunicadores es muy importante para estimular en la opinión pública la reflexión y el debate amplio sobre estas confrontaciones ambientales de interés local, regional o global.

Un acercamiento a partir de los CSA permite poner en evidencia que, tras lo que llamamos problemas ambientales (deforestación, contaminación de fuentes hídricas, afectación de páramos, contaminación atmosférica, calentamiento global, pérdida de especies, degradación de suelos, entre otros), existen varios actores sociales que interactúan de distintas maneras, tienen responsabilidades diferenciadas y experimentan de manera desigual las consecuencias de la destrucción de los ecosistemas o de los procesos insostenibles de transformación y aprovechamiento de la naturaleza. El reto es mayor si consideramos la gran diversidad biocultural de un país como Colombia, su larga historia de conflicto armado interno y las enormes asimetrías de poder que caracterizan a nuestra sociedad (ver capítulo: El paisaje que configuró la violencia).

En esa medida, el enfoque periodístico que trata los CSA ofrece una manera diferente de enfrentarse a las historias y su reportería. No basta con simplemente identificar un problema ambiental y enunciarlo para la audiencia. Un periodista que asume el enfoque de los CSA se pregunta, entre otras cosas, lo siguiente: ¿Qué llamamos conflictos socioambientales? ¿Quiénes son responsables de los procesos de destrucción ambiental? ¿Quiénes ganan y quiénes pierden con estos procesos de destrucción o de uso insostenible de la naturaleza? ¿Qué derechos humanos son vulnerados con la existencia de dinámicas de transformación de los ecosistemas? ¿Cuáles son las posibles rutas o formas de tratamiento para la transformación positiva de estos CSA en función del bienestar común (de humanos y ecosistemas)?

¿Por qué los periodistas deben
tratar los CSA?

  • Un periodismo que trata temas ambientales no puede escapar al tratamiento de conflictos socioambientales asociados. En la actualidad, la mayor parte de los problemas ambientales, si no todos, tienen manifestaciones públicas en las que se evidencia el choque de visiones e intereses entre distintos sectores o grupos sociales.
  • Una aproximación con enfoque en CSA enriquece el trabajo periodístico en el campo ambiental, plantea retos y representa oportunidades para innovar y contribuir con la sociedad en la búsqueda de soluciones en un marco de profundos y acelerados cambios socioambientales.
  • El periodismo debe hacer un esfuerzo por ayudar a comprender la complejidad de los temas ambientales sin sobresimplificar. Esto incluye las controversias de interpretación o el posicionamiento de distintos actores sociales frente a los problemas ambientales.
  • El reconocimiento de la existencia del creciente número de CSA que se presentan en el país y el impulso del debate público sobre las consecuencias de estos conflictos son la base para hacerles frente y contribuir a su transformación positiva.

¿Problemas ambientales o conflictos socioambientales?

En gran medida, los problemas ambientales son una construcción social. En todos los tiempos, las profundas relaciones de los seres humanos con su entorno no humano han significado transformaciones mutuas en las personas y en los ecosistemas que estas habitan. Los pueblos y comunidades han consolidado sus culturas y modelos de vida modificando paisajes; privilegiando el aprovechamiento y uso de algunas especies; alterando y controlando los flujos de agua; desecando o irrigando áreas con fines agrícolas o para el establecimiento de sus asentamientos; propiciando actividades de cacería, pesca, agricultura y extracción de minerales; impulsando guerras, desarrollando tecnologías para distintos fines, o manipulando plantas y animales. Pero no siempre esos cambios han sido considerados críticos o problemáticos. Las formas en que entendemos y valoramos esas relaciones cambiantes entre la sociedad y la naturaleza (no humana) han variado a lo largo de la historia.

Aun cuando la transformación y, en muchos casos, la destrucción de los ecosistemas ha sucedido en todos los tiempos, a distintas escalas y con distintas consecuencias, solo hasta mediados del siglo XX se generalizaron discusiones y manifestaciones públicas para señalar los efectos negativos de un modelo de desarrollo que genera contaminación, afectación de las condiciones de la vida humana y la distribución injusta de los beneficios y perjuicios de las actividades productivas en todo el planeta.

A grandes rasgos, el llamado “pensamiento ecológico” o “ambiental” moderno1 surgió en el contexto de las sociedades industrializadas en la época de la posguerra, momento en el que se da una profunda reestructuración y reactivación de la economía occidental y se consolida la llamada “sociedad de consumo”. Mientras, por un lado, los desarrollos tecnológicos y la industria aparecen como la realización de la promesa del progreso y la superación de todos los problemas de la humanidad, por otro lado emergen nuevos movimientos sociales que abogan por los derechos civiles, la lucha en contra de la discriminación y las guerras, y por modelos de vida desligados del mercado y del consumo desbordado.

Lo que hasta ese momento se consideraba un problema ambiental o socioambiental cambió debido a varios factores: las aceleradas transformaciones socioeconómicas de nuestros países; los cambios en las agendas de las movilizaciones sociales; los avances del conocimiento científico (incluido el avance de la ecología y las ciencias de la tierra); el auge de nuevas narrativas sobre los impactos de la tecnología y los límites al desarrollo económico, y debates y publicaciones claves generadas por centros de pensamiento, organizaciones multilaterales y, por supuesto, los medios de comunicación2.

Hoy, la pérdida o erosión de la diversidad biológica global es, sin duda, un problema reconocido por la mayoría de las personas. Sin embargo, es un asunto que solo empezó a ser una preocupación mundial cuando algunos científicos acuñaron el concepto de biodiversidad, señalando la importancia de la variabilidad de las formas de vida en el planeta y llamando la atención sobre los procesos de su disminución y las consecuencias que estos pueden tener para la sociedad. Antes de que se generalizara el concepto de biodiversidad y se adoptara el Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en el año 1992, eran pocas las personas que pensaban que su pérdida, su uso insostenible o la distribución injusta o inequitativa de los beneficios derivados de la misma, fueran graves problemas ambientales y mucho menos la base de serios CSA.

En nuestro país, la forma en que consideramos los problemas ambientales también se transformó recientemente, en gran parte debido a la influencia internacional. Nuevas consideraciones y miradas han surgido atendiendo las luchas de organizaciones sociales por el disfrute de un ambiente sano y por acceder a condiciones de vida digna en contextos rurales y urbanos. Este es el caso de las luchas por proteger la laguna del Sonso y las movilizaciones de grupos ecológicos universitarios enfrentando la agroindustria, los monocultivos y las plantaciones forestales de multinacionales papeleras (en Tolima, Valle del Cauca y Risaralda). También se destacan las acciones por la defensa del Parque Tayrona a principios de los años setenta, el trabajo de organizaciones de pescadores artesanales por la protección de ciénagas y, en general, las marchas campesinas y los paros cívicos que proliferaron entre los años ochenta y noventa. A todo esto se sumó el auge de ONG ambientalistas de carácter popular en diversas regiones del país e, igualmente, las iniciativas de los movimientos y partidos políticos para promover la conservación o rechazar intervenciones destructivas de ecosistemas y medios de vida3.

Además del tiempo, las diferencias sociales inciden en la manera de entender los asuntos ambientales. Dependiendo de factores como el nivel educativo, la clase social, el contexto geográfico, el bagaje cultural o el acceso a la información, las personas entienden estos asuntos de manera distinta. Incluso algunas personas no reconocen su existencia o no los identifican como problemas.

Gracias al avance de la ciencia y al auge de debates públicos promovidos por periodistas y comunicadores, diversos sectores de la sociedad empezaron a reconocer nuevos problemas ambientales. La contaminación del aire, por ejemplo, hoy preocupa a muchos de los habitantes de centros urbanos o de asentamientos cercanos a centros de emisión como fábricas, enclaves mineros o botaderos de basuras. Pero estas personas bien pueden desconocer muchos otros problemas ambientales. La acidificación de los océanos, el blanqueamiento de los corales y la elevación del nivel de los mares, para mencionar algunos ejemplos, pueden no considerarse importantes por la mayor parte de los habitantes de zonas lejanas a las costas y las áreas marinas.

La gran diversidad cultural de nuestro país es un factor que marca profundas diferencias en la forma en que distintos grupos de la población comprenden o se ven afectados por los problemas y conflictos socioambientales. Según estadísticas oficiales vigentes, en Colombia existen más de 102 pueblos que se reconocen como indígenas, tres etnias diferenciadas de población afrocolombiana y una población Rrom de 11 kumpanias. Adicionalmente, un 30 % de nuestra población, distribuida en todas las regiones del país, se autoidentifica como campesina (DANE, 2020). Esta diversidad, y las diferentes relaciones que los pueblos y comunidades indígenas, negros, afrodescendientes, palenqueros, raizales, Rrom, campesinos y locales (INAPRRCL) tienen con sus territorios en diversos contextos bioculturales, pueden comprenderse cuando constatamos que en nuestro país se reconoce oficialmente la existencia de 68 lenguas (dos lenguas criollas habladas por comunidades afrodescendientes, la lengua romaní y 65 lenguas indígenas) (DANE, 2010).

La manera de entender y vivir las relaciones entre los seres humanos y el mundo no humano varía fundamentalmente entre grupos sociales que poseen cosmovisiones y marcos culturales diferentes. En nuestro país, los pueblos y comunidades indígenas, negros, afrodescendientes, palenqueros, raizales, Rrom, campesinos y locales despliegan sistemas de conocimiento, prácticos y lógicos, que contrastan con las aproximaciones de las ciencias naturales y con las formas en que entienden la naturaleza y se relacionan con su entorno los habitantes de zonas urbanas.

Estos procesos de construcción social de los problemas ambientales nos remiten, entre otras, a las siguientes preguntas: ¿Quién considera que una situación es problemática? ¿Por qué se trata de un problema ambiental? ¿Para quién es un problema? ¿Cómo se entienden los problemas ambientales? ¿Qué papel desempeñan los seres humanos en la configuración de situaciones ambientales problemáticas? ¿Es un problema similar para todos? ¿Se pueden distinguir los problemas ambientales de los problemas socioambientales? ¿Es la ciencia la ruta para abordar “objetivamente” los problemas socioambientales? ¿Cuáles disciplinas son las llamadas a analizar este tipo de problemas (las ciencias naturales o las ciencias sociales)? ¿Son acaso los problemas socioambientales relativos a quien los perciba y los enuncie como tales?

Por mucho tiempo, y aún hoy, en muchos contextos se privilegió el tratamiento o la consideración de los asuntos ambientales como problemas puntuales relacionados con la contaminación, la deforestación y el tráfico de especies. Estos problemas se definen usualmente con información y argumentos de las ciencias naturales. Recientemente, sin embargo, la sociedad ha avanzado hacia la comprensión de la gran complejidad de los procesos socioambientales. Estos procesos involucran muchas variables y relaciones expresadas a diversas escalas, están sujetos a cambios en el tiempo, tienen expresiones simultáneas en distintos lugares e incluyen a múltiples actores o agentes sociales. Se trata, de nuevo, de procesos que los actores sociales involucrados experimentan y evalúan de maneras diferentes. Debido a esto, es común que se configuren y se enuncien a través de diversas narrativas y argumentaciones contrastantes (más allá de las de la comunidad científica y sus diversas disciplinas).

Hoy es común que académicos y especialistas empleen el concepto de sistemas socioecológicos para reforzar la idea de que los ecosistemas incluyen a los seres humanos y que, muchas veces, la agencia humana es determinante en la configuración de esos sistemas. Desde una perspectiva multidisciplinaria en la que se funden enfoques y conceptos de las ciencias sociales y naturales (lo que incluye, entre otras, a la antropología, la sociología, la historia, la ciencia política, la geografía, la economía, la biología, la ecología y otras ciencias de la tierra), se ha generalizado la noción de problemas socioambientale

Una aproximación periodística a los CSA implica una apuesta ética que conlleva un compromiso por contribuir a la comprensión y solución de graves problemas que afectan las condiciones de vida de nuestra sociedad.

Esta noción intenta hacer explícito el hecho de que estos problemas no se limitan a alteraciones o cambios producidos exclusivamente en las dinámicas “naturales” (referidas a especies y ecosistemas sin considerar la presencia o influencia de la actividad humana). Se reconoce que la mayor parte de los procesos ecológicos, y por tanto sus desajustes y los problemas que afectan a la sociedad y a la vida silvestre, se derivan de cambios en las relaciones entre los seres humanos y su medio biofísico.

Más recientemente, con el fin de enfatizar las relaciones de poder que subyacen a la dinámica de los sistemas socioambientales, se ha generalizado el uso del concepto de conflictos socioambientales. Hay varios elementos que permiten diferenciar los problemas ambientales de los conflictos socioambientales (ver Figura 1). En los primeros, si bien existe una afectación a un socioecosistema o a los elementos biofísicos que constituyen un territorio, no es evidente que exista una confrontación entre actores sociales en torno a lo que se considera problemático, que los afecte diferencialmente o que surja de la confrontación entre ellos. Los problemas ambientales usualmente se describen con base en el conocimiento disciplinar, mientras que los conflictos socioambientales se reconocen porque requieren aportes de diferentes disciplinas y formas de conocimiento para su comprensión.

En la siguiente sección se presentarán de manera detallada los elementos básicos de una definición de los conflictos socioambientales.

Figura 1: De problemas ambientales a conflictos socioambientales.

1Nos referimos aquí al imaginario de las sociedades occidentalizadas haciendo notar que, desde siempre, los grupos humanos con vínculos más directos con la naturaleza y dependencia más inmediata de sus contribuciones, han mantenido cosmovisiones y sistemas de conocimientos que hoy podrían ser considerados “ambientalistas”.

2Algunos hitos que marcaron nuestra noción de los problemas ambientales fueron los siguientes (Gafner-Rojas, 2018; Tobasura, 2003):
La publicación del libro La primavera silenciosa de Rachel Carson, que comienza a cuestionar el uso de pesticidas en la agricultura.
Las recurrentes disputas por la conservación o la ocupación de la sierra de La Macarena, declarada reserva natural desde el año 1948 y sucesivamente realinderada y redefinida en su naturaleza jurídica.
La creación en Colombia del Instituto de Recursos Naturales Renovables (Inderena) mediante el Decreto 2878 de 1968.
La publicación del informe Los límites del crecimiento (1972), liderado por Donatella Meadows, documento que lanzó una alerta en torno al uso de los recursos naturales y su carácter limitado frente al crecimiento poblacional e industrial, la contaminación y la producción de alimentos.
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre medio ambiente humano (1972), que llamó la atención sobre la necesidad de proteger el entorno en el que habitan los seres humanos con el fin de asegurar el bienestar y el goce de los derechos fundamentales.
La expedición, en nuestro país, del Código de Recursos Naturales mediante el Decreto 2811 de 1974.
La Conferencia de Estocolmo (1987), que lanza el documento Nuestro futuro común y populariza el concepto de “desarrollo sostenible”.
La Cumbre de la Tierra (1992), llevada a cabo en Río de Janeiro, que llamó la atención frente a la necesidad de encontrar un equilibrio entre la protección del medio ambiente y el desarrollo y, en este sentido, hacer un uso racional de los recursos naturales para asegurar (también) el desarrollo de las generaciones presentes y futuras.

3Para un recuento de las luchas y debates del movimiento ambiental colombiano, ver Tobasura (2003).Ver, por ejemplo, Walter, M. (2009).


Múltiples definiciones y conceptos

En la literatura académica existen distintas aproximaciones a los conflictos socioambientales4. En parte por ello, se han adoptado diversas definiciones de conflicto socioambiental desde instituciones como el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (Minambiente) en distintas políticas y normas (PNGIBSE, 2012 y Resolución 2035 de 2018) o el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC, Corpoica, 2002). Cada una de estas definiciones tiene un alcance parcial. En general, ninguna involucra explícitamente dimensiones como las asimetrías de poder o el carácter histórico de los conflictos socioambientales. Esto es importante, dado que tanto la literatura académica como las organizaciones sociales y ambientales con posturas críticas profundizan en las asimetrías de poder y en la existencia de afectaciones desproporcionadas a los territorios y medios de vida de las poblaciones locales (injusticias ambientales) como unas de las principales características de los conflictos socioambientales (Martínez-Alier, 2008; Roa, 2020 y Rodríguez, 2020).

Para el Atlas de Justicia Ambiental (Ejolt)5, los conflictos socioambientales se definen como movilizaciones de las comunidades locales o movimientos sociales, que pueden incluir el apoyo de redes nacionales o internacionales, en contra de actividades económicas particulares, tales como la construcción de infraestructura, disposición de desechos o contaminación, por lo que los impactos ambientales son un elemento clave de sus reclamaciones. Estos conflictos generalmente surgen de desigualdades estructurales de ingresos y poder… (y consideran) el derecho a participar en la toma de decisiones, el reconocimiento de visiones alternativas del mundo y la forma de entender el desarrollo. Los repertorios de acciones pueden incluir la presentación formal de reclamos, peticiones, reuniones, manifestaciones, boicots, huelgas, acciones legales, desobediencia civil, violencia colectiva, campañas internacionales y otras formas de acción. En el acto de reclamar redistribuciones, estos conflictos a menudo son parte de, o conducen a luchas más grandes de género, clase, casta o etnia.

Las acepciones antes expuestas evidencian el carácter político que tiene la adopción de una u otra definición de conflicto socioambiental. La forma en que se entiende el concepto está relacionada con la manera en que los actores lo abordan de acuerdo con los intereses que tienen y representan. En consecuencia, este documento propone abordar los conflictos socioambientales desde una postura ética y política que dé cuenta de las complejidades de los conflictos, teniendo en cuenta tanto las dimensiones históricas y ecológicas como las posturas, visiones, relaciones de poder y las estrategias de acción de los distintos actores vinculados (incluyendo aquellos que los documentan y los narran).

Definiendo los CSA: Elementos comunes

Aun cuando existen diferentes aproximaciones conceptuales a los CSA, es posible identificar elementos comunes que sirven de base para su caracterización. Estos elementos pueden resumirse de la siguiente manera

Afectación negativa o positiva (real o potencial) a la biodiversidad o a las contribuciones de la naturaleza a la sociedad
Un conflicto socioambiental involucra siempre afectaciones o transformaciones, reales o potenciales, causadas por la acción de un actor o grupos de actores a la base biofísica, a uno o varios recursos naturales (agua, aire, suelo, fauna, flora, entre otros), a procesos ecológicos vitales o a las contribuciones que brinda la naturaleza a la sociedad y que configuran un socioecosistema o un territorio6.

Confrontación entre actores
Para que un conflicto socioambiental se constituya como tal, la afectación a recursos vitales o a servicios ecosistémicos7 presentes en un territorio debe llevar a una confrontación entre actores sociales organizados (Toledo, 2011; Franco-Gastón, 2015) en el ámbito público (movilizaciones, protestas, tutelas, paros, acciones judiciales, etc.) y a diversas escalas (local, regional, nacional)8.

Los conflictos
socioambientales
como conflictos sociales

“(El) conflicto es una acción colectiva, es decir, una situación que implica la contraposición de intereses, derechos, perspectivas, racionalidades o lógicas.
Es un hecho social objetivo que surge
de discrepancias entre unos sujetos
–individuos, clases o etnias– en torno a la percepción y la comprensión de la realidad por cada uno, en su manera de figurarla o reinventarla. Es producto de una concepción del mundo, de la naturaleza y de los hombres, de la forma como estos últimos se relacionan, se organizan y entran en oposición”.

Guillaume Fontaine (2004)
Cambios en los sistemas de producción alteran profundamente las dinámicas socioecológicas y generan nuevos escenarios de conflicto. Búfalos en la vía Palermo-Sitionuevo. (Ciénaga Grande de Santa Marta, Magdalena, 2013). Foto: Carlos Tapia

Como vimos arriba, este aspecto permite diferenciar un problema ambiental de un conflicto socioambiental. En el problema ambiental, si bien existe una afectación a un socioecosistema, a la biodiversidad o a los servicios ecosistémicos presentes en un territorio, no hay una confrontación entre actores en torno a lo que se considera problemático. La contaminación de un río es, por ejemplo, un problema ambiental, pero puede convertirse en un conflicto en el momento en que dos o más actores sociales tienen un desacuerdo sobre ese problema, se ven afectados, o alegan ser afectados, de manera diferente, y entran en disputa al reclamar sus intereses (Castro, 2018).

Distintas visiones, formas de uso y apropiación (material o simbólica) frente a los recursos naturales, la biodiversidad y las contribuciones de la naturaleza a la sociedad por parte de los actores involucrados en el conflicto
Los actores en conflicto tienen diversos intereses y formas de apropiación (simbólica y material) de los recursos naturales y la biodiversidad en disputa, que entran en contradicción y que han sido construidos históricamente en función de la relación de estos actores con su territorio. Es el caso del conflicto de la explotación petrolera por parte de la empresa Oxy en territorio U’wa, en el nororiente de Colombia. En este conflicto se enfrentaron dos visiones distintas en torno a uno de los elementos en disputa: el petróleo. Para los U’wa el petróleo era considerado la sangre de la Madre Tierra, mientras que para la empresa Oxy era un recurso cuya explotación genera importantes ganancias económicas para la empresa, el Gobierno y la sociedad9.

Relaciones asimétricas de poder entre los actores involucrados
A menudo, en este tipo de conflictos se ven involucrados actores con diferentes grados de influencia a la hora de ejercer presión sobre las instituciones, capital político y económico, acceso a la información, legitimidad frente a lo que se considera conocimiento válido o especializado para la toma de decisiones, entre otros elementos. Un ejemplo de ello son los conflictos que se presentan en territorios habitados por comunidades campesinas a raíz del desarrollo de proyectos de infraestructura de interés nacional (como puertos, hidroeléctricas, entre otros).

Dimensión situada y multiescalar
Estos conflictos tienen lugar en territorios específicos, con características ecosistémicas y sociales particulares construidas históricamente, que involucran actores de distintas escalas (local, regional, nacional o internacional). Una característica común de los CSA es que los actores compiten por definir la escala del conflicto y, muchas veces, basan su estrategia en reducirla o ampliarla de acuerdo con sus intereses. En el conflicto que se presenta en torno al proyecto minero Quebradona, en el municipio de Jericó, por ejemplo, élites regionales, comunidades locales, autoridades territoriales municipales, la Iglesia, autoridades mineras y una empresa multinacional minera se enfrentan por la existencia de distintas visiones en torno al impacto (positivo o negativo) que puede tener una eventual explotación de cobre sobre la vocación agropecuaria de Jericó.

Dimensión temporal o histórica
Los CSA, al igual que los problemas ambientales, son dinámicos, cambian a lo largo del tiempo y se configuran a partir de las relaciones construidas históricamente por los distintos actores con sus territorios. Un ejemplo de esto es el conflicto en torno a la delimitación de Santurbán10, que se configura a partir de la confrontación entre distintas territorialidades construidas a lo largo del tiempo en función de las formas de manejo y control del páramo establecidas por los habitantes de la zona, el Estado y los mineros.

Políticas, normas, programas o jurisprudencia en que se inscribe el conflicto
Estos conflictos se inscriben en contextos normativos y jurisprudenciales que establecen reglas para la apropiación de los recursos naturales, la biodiversidad y las contribuciones de la naturaleza en disputa. En el marco del conflicto, estos contextos pueden ser leídos por los actores involucrados como elementos que favorecen a uno u otro actor, incidiendo así en las asimetrías de poder. Un ejemplo de lo anterior puede verse en el conflicto por la delimitación del páramo de Sumapaz, que en su etapa más reciente se ha configurado a partir de (entre otras) la expedición de resoluciones, leyes y jurisprudencia como la Ley de Páramos.

Preguntas claves para entender los CSA

Aproximarse al cubrimiento periodístico desde el enfoque de los CSA es una apuesta práctica, una invitación y un compromiso para profundizar en la dimensión de “poder” que subyace a los problemas ambientales.

Desde un enfoque basado en CSA debemos hacer preguntas diferentes para interpretar, por ejemplo, las dinámicas de transformación acelerada de nuestros ecosistemas y la pérdida de diversidad biológica. Debemos poner una lupa distinta sobre situaciones que afectan a la naturaleza o al ambiente y reflexionar alrededor de preguntas que aporten a la identificación, caracterización y análisis causal de los problemas socioambientales. Debemos, entonces, indagar lo siguiente:

  • ¿Qué territorios, ecosistemas o recursos están en juego?
  • ¿Quiénes son los actores sociales involucrados?
  • ¿Cómo participan en el conflicto? ¿Cuáles son sus percepciones sobre el mismo y qué intereses defienden?
  • ¿Cómo ha evolucionado el CSA en cuestión y la posición de los actores involucrados? ¿Quiénes son responsables de la agudización o transformación positiva del conflicto? ¿Cómo se ha avanzado en el tratamiento del conflicto?
  • ¿Qué afectaciones concretas han sufrido los territorios y las personas como consecuencia del conflicto?

Algunas razones por las que políticas, programas y proyectos pueden generar o agudizar conflictos socioambientales

  • La imposición de políticas sin participación local (desconociendo principios o derechos establecidos en distintos cuerpos normativos).
  • La falta de armonización o coordinación entre instituciones, cuerpos normativos y entes administrativos.
  • El desconocimiento o la inadecuada consulta a todos los actores involucrados (incluyendo el respeto de diferencias culturales, cosmovisiones, valores, conocimientos y prácticas de pueblos indígenas y comunidades locales).
  • Los procesos de planificación descoordinados (entre sectores y dentro de entidades del mismo sector).
  • La falta de divulgación pública de información clave referida a las intervenciones y sus impactos (desconocimiento de derechos de acceso a la información).
  • La poca capacidad institucional (expresada en falta de recursos económicos, personal, conocimiento, equipos e infraestructura).
  • La inexistencia de programas de evaluación y monitoreo adecuados y participativos.
  • La inexistencia de mecanismos o instancias de resolución, manejo o tratamiento de conflictos.

(Adaptado de FAO, 2000).

En lo que sigue, incluiremos elementos para ayudar a identificar y caracterizar los CSA a partir de las anteriores preguntas. Estos elementos sirven como guía para el trabajo periodístico, pero no son una hoja de ruta perfecta. El orden de las preguntas puede variar y las respuestas de una u otra pueden depender de las respuestas de las demás.


4Temper, L.; Del Bene, D. y Martinez-Alier, J. 2015. Atlas de Justicia Ambiental.

5Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental (Icta), Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Recuperado de https://ejatlas.org/

6Para efectos de este documento, los dos términos son intercambiables.

7El término servicios ecosistémicos procede de una metáfora de las ciencias económicas que plantea que los ecosistemas brindan servicios a la sociedad que pueden ser clasificados al menos en tres categorías: servicios de regulación, servicios de provisión y servicios culturales (Tapia, C. et ál., 2015).

8Es importante resaltar que, en muchos casos, el Estado en sus diferentes expresiones forma parte activa en la existencia de los CSA, pues la implementación de políticas, programas y proyectos que se concretan en intervenciones en los territorios contribuye con su emergencia o agudización.

9Salazar, H. (25 de junio de 2009). Los U’wa contra las petroleras. BBC.com/mundo Recuperado el 20 de mayo de 2020 de https://www.bbc.com/mundo/america_latina/2009/06/090624_especial_indigenas_colombia

10Ver, por ejemplo, Basto-Torrado, S. P. (2017).


¿Qué territorios, ecosistemas o recursos están en juego?

Como se mencionó anteriormente, para dar cuenta de los conflictos socioambientales es importante identificar los elementos naturales o recursos en disputa y establecer qué sectores productivos se encuentran asociados al conflicto (agropecuario, infraestructura, energía fósil, fumigación, generación de energía, minería, residuos sólidos, etcétera). De este modo se puede, a su vez, dar cuenta de cuál es la afectación a los recursos comunes, la biodiversidad o a las contribuciones que esta presta a distintos sectores de la población.

Aproximarse al cubrimiento periodístico desde el enfoque de los CSA es una apuesta práctica, una invitación y un compromiso para profundizar en la dimensión de “poder” que subyace a los problemas ambientales.


¿Quiénes son los actores sociales involucrados en los CSA?

Los CSA involucran distintos tipos de actores sociales. Es fundamental precisar cuáles son esos actores y qué tipo de participación han tenido en la configuración del conflicto. Por tal razón, es útil hacer un mapa de actores que sirva de base para la identificación y para hacer un análisis más detallado del CSA en cuestión. Esto implica identificar, entre otras, a las entidades públicas, las autoridades, las empresas, las organizaciones sociales y a las agencias que han estado involucradas (por acción u omisión) en el conflicto.

Consideremos el conflicto por el proyecto minero La Colosa, en el Tolima:

La Empresa Multinacional Minera Anglo Gold Ashanti (AGA) llevaba a cabo actividades de exploración en el municipio de Cajamarca con la intención de determinar el potencial geológico de oro de la zona y pasar a fase de explotación. Frente a esta pretensión, las comunidades locales y sectores de la población de la región, incluidos los pobladores de Ibagué, se opusieron por considerar que la eventual explotación aurífera afectaría las actividades agropecuarias de la zona, las fuentes hídricas, las áreas de páramo y los bosques altoandinos. Acudiendo a una consulta popular, la población del municipio rechazó la ejecución de proyectos mineros en su territorio con el 97 % de los votos. El Comité Ambiental y los ciudadanos del municipio alegaron la necesidad de conservar el páramo y las fuentes de agua de la zona, que consideran como una despensa agrícola del país.
El área en la cual está localizado el proyecto La Colosa es una “zona de alta importancia ecosistémica, toda vez que gran parte del área del Municipio hace parte de la reserva forestal central creada por la Ley 2 de 1959, en la cual se mantiene una importante riqueza de biodiversidad. Además, se encuentra en el cañón de Anaime, entre los ríos Anaime y Bermellón, que aguas abajo confluyen formando el río Coello, el cual contribuye al abastecimiento de agua de algunos municipios. Es también una importante zona de producción agrícola, por lo cual se le denomina la Despensa Agrícola de Colombia” (Picón-Arciniegas, 2014, p. 42).
La Tabla 1 ilustra la construcción de un mapa básico de actores involucrados en el CSA relacionado con el proyecto La Colosa.

El mapa, como se puede ver, incluye las siguientes categorías11:

Nombre del conflicto (ubicación)
Inicialmente se emplea una denominación temporal que debe ajustarse cuando el CSA esté mejor caracterizado.

Actor(es) social(es)
Corresponde al nombre de los actores involucrados en el conflicto. Busca responder la pregunta: ¿cuál es el nombre del actor? Como actores sociales se entienden los grupos, empresas o instituciones de gobierno, movimientos, partidos políticos, iglesias, gremios, agencias de cooperación, agencias multilaterales, entre otros, que tienen una identidad reconocida y actúan con arreglo a fines o propósitos comunes en la esfera pública.

Tipo(s) de actor(es)
Establecer la naturaleza jurídica o social del actor (público, privado) y la escala o nivel de su actuación.

Descripción del actor
Caracterización del actor en función de las actividades que desarrolla o ha desarrollado en la zona en que se manifiesta el conflicto y en el país. Busca responder las preguntas: ¿quién es el actor? y ¿qué acciones ha llevado a cabo en el territorio o asunto en disputa?

Percepción(es) frente al conflicto
Identificación y descripción de los argumentos con los cuales el actor valida ante los demás su posición frente al conflicto. Busca responder la pregunta: ¿cómo entiende el conflicto el actor y cuáles son sus principales argumentos?

Nueva Venecia, pueblo palafítico de la Ciénaga Grande de Santa Marta, escenario de una masacre de paramilitares al mando de Jorge 40, que en noviembre del año 2000 produjo más de 30 muertes y el desplazamiento de casi toda su población. Foto: Carlos Tapia

Gloria Amparo Rodríguez (2020) propone un esquema (Figura 2) que puede ser una guía para identificar la diversidad de actores sociales que pueden estar involucrados en un CSA. También propone una base para “mapear” ese conjunto de actores, la relación de cada uno con un conflicto específico y las relaciones entre actores sociales.

Ahora bien, teniendo en cuenta el mapa de actores elaborado, es necesario profundizar y analizar a partir de fuentes primarias y secundarias las siguientes preguntas:

  • ¿Cuáles son las percepciones entre los actores involucrados en el conflicto?
  • ¿Qué contradicciones o ambigüedades se perciben en la forma de actuar de los diversos actores?
  • ¿Cuáles son las relaciones de poder entre estos actores?
  • ¿Quién tiene acceso a medios nacionales de comunicación, lobby y toma de decisiones?

Así mismo, es importante tener en cuenta que el mapa de actores que se elabora en el momento de documentar un conflicto es una “fotografía” de los actores en un momento dado. En ese sentido, también es importante preguntarse:

  • ¿Cómo ha evolucionado el conflicto a lo largo de los años?
  • ¿Cómo han cambiado las posiciones de los actores involucrados?

Estas preguntas permiten entender no solo las transformaciones en el recurso o los recursos en disputa, sino la reconfiguración de las relaciones entre los distintos actores y las estrategias a las que han recurrido para movilizar y posicionar sus visiones e intereses a lo largo del desarrollo del conflicto.


11Para el caso de un trabajo periodístico, se recomienda incluir las fuentes consultadas para su diligenciamiento.


¿Cómo evolucionan los CSA en el tiempo (dimensión histórica)?

Los conflictos cambian en el tiempo y es necesario definir la escala temporal del análisis que hagamos de los mismos. Esto es importante, ya que, en distintos contextos, los cambios pueden darse de maneras diversas e impredecibles. En esa medida, es útil acoger un modelo ideal para guiar la caracterización y documentación del conflicto.

Figura 2: Actores del conflicto ambiental (Rodríguez, G. A., 2020).

A continuación se propone un esquema básico (Figura 3) que plantea las fases típicas de los CSA. Por supuesto, no siempre todos los conflictos pasan por todas las fases y estas no deben considerarse siempre en un sentido lineal, pues, como ya se dijo, en muchos casos puede haber retrocesos o cambios inesperados.

La Figura 3 representa la evolución de los CSA y plantea que, de manera general, partimos de una situación inicial de cambio o impacto ambiental. En esta etapa se plantea que, debido a actividades humanas, se transforma el entorno natural y las relaciones sociales con el medio biofísico. Esta es la fase de formación temprana de los conflictos socioambientales.

Figura 3: Modelo de evolución de los conflictos socioambientales (elaboración propia).

La siguiente etapa es la del surgimiento de un problema socioambiental. En este momento se reconoce la existencia de un problema que afecta el medio biofísico y la vida de las personas, pero no se toman acciones o medidas al respecto.

Posteriormente, se presenta la etapa de movilización social. Esto sucede cuando se da un reconocimiento más profundo de los efectos diferenciados entre los distintos actores sociales involucrados e inicia un proceso de escalamiento de una futura confrontación. En esta fase surge un distanciamiento entre actores y se definen de manera más clara los variados intereses y posiciones de los actores en el ámbito público.

Tras lo anterior, sigue la etapa del conflicto socioambiental propiamente dicho. Es un momento de inflexión, de crisis y de confrontación en el que las partes buscan imponer sus perspectivas sobre el conflicto, sus posiciones y sus intereses. Las expresiones públicas (demandas, protestas, movilizaciones) tienen un carácter confrontacional y los actores sociales no solo reivindican sus pretensiones y argumentan sus derechos, sino que también hacen señalamientos de responsabilidades a las otras partes.

Como consecuencia de esta confrontación abierta se llega a la etapa de transformación del CSA. En esta fase se redefinen los términos del conflicto, las relaciones entre los actores y pueden encontrarse rutas alternativas a través del diálogo para la construcción de nuevos acuerdos. Hay cambios en las relaciones que establecen los actores y cambios en las agendas, expectativas o demandas de los mismos.

La etapa de transformación del CSA puede derivar en dos rutas diferentes. Por un lado, está el desescalamiento del CSA. En esta etapa, por iniciativa propia o con la ayuda o mediación de terceros, se reduce la tensión y se establecen estrategias de diálogo, participación y cooperación que conducen a acuerdos y a una transformación positiva del CSA. Esta etapa también puede alcanzarse cuando una de las partes impone su voluntad y logra “controlar” (al menos temporalmente) el conflicto y desmovilizar a la (o las) contraparte(s).

Las comunidades ribereñas enfrentan conflictos por el desconocimiento de sus medios de vida anfibios. A lo largo y ancho del país se tejen disputas por el acceso y control de los ríos y humedales. (Brazo de Mompós, río Magdalena, 2012). Foto: Carlos Tapia

Por otro lado, está la agudización del CSA. En esta etapa el conflicto se profundiza y se expresa en vías de hecho con señalamientos, persecución o ejercicio de violencia simbólica o material. Esto último puede incluir instancias de confrontación violenta e imposición por la fuerza (sea física o por coacción legal) de condiciones indeseadas para una de las partes; el afianzamiento de asimetrías estructurales y desequilibrios de poder, y la configuración de los conflictos que persisten por largos periodos (usualmente con el aval o el apoyo de actores institucionales o gobiernos locales y regionales).

El modelo propuesto es una aproximación general que debe desarrollarse precisando cuál es la ventana temporal del análisis y qué eventos específicos han tenido lugar en cada etapa o fase. Específicamente, es importante indagar sobre acciones concretas (manifestaciones, marchas, reuniones, demandas, acciones judiciales, etc.) que se han llevado a cabo y que permiten construir adecuadamente una línea de tiempo del CSA analizado.

Una vez que se haya identificado y caracterizado de forma general un CSA es necesario plantear las siguientes preguntas:

  • ¿Qué acciones concretas se han desarrollado para desescalar o evitar la agudización de ese conflicto?
  • ¿Quién ha adelantado estas acciones?
  • ¿Qué consecuencias han tenido esas acciones o procesos desarrollados?

Las respuestas a estas preguntas y a todas las anteriores permiten comprender las etapas por las que ha pasado un determinado CSA. Esta comprensión es necesaria para luego poder analizar, sintetizar e informar a las audiencias sobre dicho conflicto. Tener el panorama claro es lo que hace posible narrar la historia de un CSA de manera eficaz, sin sobresimplificar e incluyendo matices y complejidades que la componen.

Las grandes desigualdades sociales, la falta de acceso a la información, la limitada participación y la falta de justicia en materia ambiental constituyen barreras para impulsar acuerdos y transiciones hacia una mayor sostenibilidad social y ecológica.


Tratamiento periodístico de los CSA

Gran parte de la información disponible para la identificación y caracterización de los CSA proviene de fuentes periodísticas o de la divulgación pública que se hace en redes sociales. Debido a esto, es preciso que los periodistas realicen una revisión de la información generada por otros medios. Esto permitirá no solo recopilar datos relevantes para el posterior empleo en nuevos trabajos, sino también indagar y valorar de manera general el tratamiento dado a los conflictos por la gran prensa, por otros medios de comunicación regionales y locales, y por plataformas de comunicación de entidades públicas o privadas y organizaciones sociales. Esta actitud reflexiva y (auto)crítica permite mejorar notablemente el trabajo periodístico, enfatizar los aportes novedosos y hacer explícito el posicionamiento del responsable del mismo.


Posibilidades y retos

Como se ha hecho evidente, el tratamiento de los CSA implica el reconocimiento de múltiples agencias y relatos que determinan su configuración y la forma en que evolucionan en el tiempo. Por tal motivo, es evidente que el periodista debe procurar llevar a cabo su trabajo empleando múltiples fuentes y testimonios directos de los actores sociales claves. Así mismo, debe buscar información secundaria que permita contrastar las diferentes visiones y posicionamientos frente a los asuntos en disputa. Se trata de combinar variadas fuentes con el fin de respetar la naturaleza compleja (multideterminada) y cambiante de los CSA. No sobra decir que los testimonios o historias de vida de los protagonistas de los CSA resultan vitales, pues permiten evidenciar la trayectoria histórica de los mismos y son de gran apoyo para ayudar al público a tener una actitud comprensiva sobre las motivaciones e intereses de los diferentes actores en disputa.

En algunos casos el empleo de información gráfica (infografías) y mapas es fundamental para dar cuenta de la expresión compleja, multitemporal y espacial de los CSA. Este tipo de narrativas gráficas son cada vez más centrales en el trabajo periodístico. Al desplegarse junto con narrativas convencionales de texto escrito, audio o video12 pueden contribuir a facilitar la comprensión pública de elementos básicos del CSA.


12Ver, por ejemplo, Radio Ambulante (2011-presente). (Podcast). “Disparos al cielo: Una fábrica quiso controlar la naturaleza”. Publicado 14 de abril de 2020. Google Podcasts https://podcasts.google.com/?feed=aHR0cDovL2ZlZWRzLnBvZHRyYWMuY29tL1NXWTF4NnZYWlZGSg&episode=NjRkODNiMzAtNzRmZi00YjQ5LWE5OTItMmJiZDI3NDY3OTI4


Fuentes para el tratamiento de los CSA

Como se ha mostrado en este capítulo, definir, identificar, comprender y, por ende, tratar periodísticamente los CSA, es un asunto que reviste una enorme dificultad por la falta de certezas sobre los problemas tratados y los riesgos implícitos (políticos, económicos, sociales, entre otros) que puede acarrear.

Así, una pregunta fundamental que debe plantearse el periodista es la siguiente:
¿Cuáles son o deberían ser las mejores fuentes para el tratamiento periodístico de los CSA?

Por fortuna, existe una variada gama de entidades, organizaciones y colectivos que de manera permanente hacen un seguimiento de los diversos conflictos, desde sus manifestaciones más tempranas.

Si bien las clasificaciones siempre pueden resultar subjetivas e incompletas, una rápida lista para el análisis y seguimiento de los CSA incluye: i) entidades gubernamentales con competencia directa en su gestión, ii) grupos académicos de investigación, iii) observatorios y colectivos, iv) iniciativas de diálogo, v) mesas de interlocución creadas por ley y vi) jurisprudencia en la materia (ver Lista de fuentes).


CSA y acuerdos para el futuro

Las dinámicas o procesos de cambio socioambiental son parte de la historia del planeta, se expresan de múltiples formas en distintas escalas temporales y territoriales, y usualmente involucran dimensiones de poder y conflictos sociales. Las diferentes relaciones socioecológicas que dan origen a estas trayectorias de cambio involucran a todos los seres vivos –incluidos los seres humanos– y, crecientemente, son objeto de análisis de especialistas que trabajan en disciplinas que centran su trabajo en el estudio de las interacciones entre los seres humanos y el mundo no humano, en los asuntos ambientales y en la biodiversidad en sus diferentes niveles (desde genes hasta especies, comunidades bióticas, ecosistemas y paisajes). Las características de esos cambios y los factores que dan estabilidad o se expresan como alteraciones de los sistemas socioecológicos son el centro de atención de las llamadas ciencias de la sostenibilidad, que agrupan un conjunto de disciplinas de las ciencias naturales y sociales. La manera de impulsar transiciones socioecológicas hacia estados socialmente deseados es objeto de estudio de académicos y planificadores, que reconocen que las instituciones sociales cada día determinan más el futuro de la vida en la Tierra.

Cada día se hace más evidente la gravedad de las grandes transformaciones que se están dando en las condiciones de vida del planeta, debido al cambio climático (ver capítulo: El clima está cambiando, ¿y nosotros?), a la acelerada pérdida de biodiversidad (ver capítulo: El valor de la biodiversidad) y a diversas y profundas alteraciones en los ciclos ecológicos, consecuencia de la acción humana en variados contextos. También se hace evidente que debemos intervenir con urgencia para modificar estas trayectorias indeseadas de cambio. No obstante, las grandes desigualdades sociales, la falta de acceso a la información, la limitada participación y la falta de justicia en materia ambiental constituyen barreras para impulsar acuerdos y transiciones hacia una mayor sostenibilidad social y ecológica.

La Guardia indígena de las comunidades del norte del Cauca enfrenta la responsabilidad de salvaguardar territorios disputados y velar por el ejercicio de autoridad en cabeza de sus líderes. Todo esto en un marco en el que aún no se consolida un modelo de pluralismo jurídico en materia socioeconómica, política y ambiental. Representante de la Guardia Indígena, Jornada del Paro Nacional. (Bogotá, Diciembre 4 de 2019). Foto: Carlos Tapia

¿Puede el periodismo cambiar la forma en que se desarrollan los conflictos socioambientales?

El abordaje de los conflictos socioambientales no busca su resolución, ya que los CSA no son simplemente situaciones negativas que deben desaparecer. Quienes trabajan en torno a conflictos socioambientales coinciden en que lo que se busca no es eliminarlos, sino transformarlos, en la medida en que los conflictos son inherentes al desarrollo de las relaciones sociales y oportunidades para el cambio positivo de las relaciones entre los actores sociales involucrados (ver capítulo: Narrativa para la acción).

El periodismo tiene un papel clave en la promoción y tratamiento de los CSA. La comprensión y el tratamiento adecuado de los CSA son la base para promover la justicia ambiental y la sostenibilidad, por medio del diálogo y de la construcción de acuerdos. En esa medida, el enfoque de transformación es la apuesta para la gestión de los conflictos socioambientales. Y el periodismo tiene mucho que aportar en este propósito.

La forma en que se documenta el conflicto socioambiental en los medios de comunicación incide directamente en su transformación, pues puede ayudar a visibilizar las asimetrías de poder entre los actores, las distintas visiones involucradas en el conflicto, o mantener el statu quo del contexto en el que se desarrolla el conflicto.

Algunas recomendaciones finales

  • El periodismo sobre CSA no debe considerarse un subgrupo de los temas ambientales. Más bien, debe entenderse como un enfoque o aproximación para el cubrimiento de asuntos ambientales.
  • Es importante distanciarse de miradas ingenuas que “hagan la vista gorda” en materia de intereses o posicionamientos de involucrados en problemas ambientales. No obstante, es necesario ser precavidos para no construir conflictos o “volver conflicto lo que no es”.
  • En el cubrimiento de temas ambientales debe ser explícito el punto de vista del periodista como narrador. Precisar desde dónde habla (el lugar de enunciación) como base de su rigor (de su “objetividad”).
  • El cubrimiento de CSA responde a la función social del periodismo. Ese compromiso (o apuesta política) debe ser explícito.
  • El periodismo ambiental no puede ser ingenuo frente al papel de la ciencia y los científicos, sus visiones y los aportes que se hacen desde el campo académico para la comprensión o tratamiento de los problemas ambientales y CSA. Los científicos tienen posicionamientos políticos, agendas e intereses que se reflejan en el tipo de conocimiento que generan y la forma en que lo comunican. Las disputas por la validez del conocimiento forman parte de los CSA.
  • El periodismo ambiental tampoco puede ser ingenuo frente a afirmaciones y reclamos de organizaciones, personas, entidades, autoridades o empresas que también tienen agendas e intereses en juego.
  • El periodismo ambiental debe esforzarse por entender las dimensiones ecológicas de los CSA que ocurren en territorios específicos y combinarlos con información relevante de aspectos económicos y políticos.

Referencias

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